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Érase una vez...

Historias

[Buenos días, princesa] 1 de 2.

[Buenos días, princesa] 1 de 2. Había sido un día agotador. Por la mañana había tenido tres sesiones de fotos, y por la tarde le había tocado fotografiar a un grupo de niños pequeños que no paraban de moverse. Se lo pasó bastante bien con los niños. Eva era de esas fotógrafas que pensaba que los niños dan mucho juego a la hora de fotografiar. Los mayores nos preocupamos por salir guapos, más delgados, sin manchas, intentamos no reír demasiado por las arrugas, etc. Los niños no. Ellos se muestran tal y como se sienten en ese momento. Si se están divirtiendo, te miran con una gran sonrisa en su cara, y si están hartos de fotos se echan a llorar, patalean o simplemente te sacan la lengua con mala cara para que entiendas que ya es suficiente por hoy. Y esos niños habían sido muy inquietos… Habían trepado por casi todo el estudio, lo habían puesto todo patas por hombro, los globos que había preparado el día anterior estaban todos pinchados, etc. Llegó a pensar que al final de la tarde estaría atada a una silla y alrededor de ella, unos niños disfrazados de indios corriendo y gritando. Pero no se lo pasó mal. Aunque casi acaban con ella, se rió mucho.

-Prometo que la semana que viene me tomaré un día de descanso. Mi cuerpo comienza a pedírmelo a gritos. Iré a pasear por la playa, terminaré de leer el libro que me regaló Julián, iré al cine o alquilaré alguna película. Y pienso darme algún capricho de chocolate. Estoy cansada de verduras y pollo a la plancha. ¡Y de la semana que viene no pasa! ¡De verdad!

Todos los días se decía lo mismo mientras subía en ascensor hasta su ático. Pero nunca cumplía esa promesa. Y desde luego, el chocolate no lo veía ni en fotografías. Estaba algo obsesionada por su imagen.
Eva era una chica joven, exactamente de veintisiete años. Había estudiado imagen y sonido, era licenciada en comunicación audiovisual y había hecho numerosos cursos de arte gráfico, de editora, etc. Tenía un gran currículum. Se había pasado media vida estudiando, y la otra media haciendo prácticas gratis. Nadie comprendía que dedicara tanto tiempo a lo profesional. Pero a ella le daba igual lo que pensaran. Siempre supo muy bien dónde quería llegar. Y por supuesto, no paró hasta conseguirlo. Y con tan sólo veintisiete años, ya tenía montado su propio estudio fotográfico en Nueva York, trabajaba para revistas muy conocidas y con gran prestigio y había conseguido ser una fotógrafa de renombre. Tenía un ático precioso en pleno centro de Manhattan. Era un ático muy amplio, con unas vistas dignas para una fotógrafa como Eva. Cuando llegaba a casa, le gustaba asomarse a la terraza para ver el sol ocultándose tras el horizonte. Era su momento de melancolía: Recordaba su casa, su familia, su tierra… Pero al momento volvía de sus pensamientos y se disponía a terminar el trabajo del día.
El ascensor se paró y Eva salió de él. Abrió la puerta de su casa y entró. Miró los mensajes que había en su contestador. Tres. Como siempre, eran de trabajo. Hizo el ritual de la terraza y cuando lo terminó se tiró en el sofá.

-Como me duelen las piernas… Joder Eva, si es que no has parado en todo el día… En vez de las piernas te debería doler el alma. Nunca aprenderás… ¿Te has dado cuenta de una cosa, Eva? Estás tan ocupada que no sales ni tienes vida social. Has llegado al punto en el que hablas sola. Como estás haciendo ahora mismo. Me encanta lo que hago, sí, no lo dudo ni un segundo. Pero echo de menos ciertas cosas… Salir por ahí, tomarme unas copas (¿cuánto hace que no bebo una copa de ron?), bailar hasta el amanecer… Años… Han pasado años desde la última vez que me dediqué una juerga. Ya está. Voy a dejar de hablar sola, me voy a meter en la ducha, me voy a poner guapísima y me voy a ir a dar una vuelta.

Se sorprendió de sí misma. Pero hizo lo que su interior le estaba pidiendo a gritos. Eva era una chica guapísima, de estatura media (1.65), con un cuerpo precioso y un pelo negro largo ondulado que era una envidia. Nunca le faltaban propuestas para salir a cenar, al cine o a tomar una copa, pero siempre las rechazaba. Esa noche tenía una cita. Una cita consigo misma.
Se arregló el pelo con el moldeador, se pintó las uñas y se puso el vestido rojo que le había regalado su hermana hacía unos meses y que aún no había estrenado. Se pintó los labios de color rojo (a juego con el vestido), se puso rimel, colorete y una sombra de ojos color marrón muy oscuro (más bien diría que casi negro) que le favorecía mucho. Se miró al espejo y sonrió. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan guapa. Sólo le quedaban los zapatos. Se decantó por los negros de tacón extra-largo y de aguja.

-Esta noche arraso.

Fue a un pub que estaba a unas dos manzanas de su casa. Había mucho ambiente y la música que ponían a ella le encantaba. Se sentó en la barra y pidió ron. Comenzó a mirar a su alrededor. Cierto aire de tristeza le acompañó durante un rato. Todas las personas que le rodeaban se mostraban felices. Reían, hablaban, bailaban… Pero todas tenían compañía. Mientras bebía lentamente su copa de ron, dejó que su imaginación volara.

-Fíjate, Eva. Todas esas personas que están aquí, también trabajarán, como tú. Pero seguro que no dedican tantas horas y que saben sacar tiempo para ellos mismos. Seguro que salen con sus amigos todos los fines de semana. Creo que deberías replantearte algunos aspectos de tu vida, Eva…

Y sin darse cuenta, sus ojos se convirtieron en el objetivo de su cámara. Comenzó a mirar a todas esas personas que estaban ahí. Se imaginó cómo sería la vida de cada uno de los individuos que la acompañaban inconscientemente esa noche. Y fotografió con su imaginación. Manos, gestos, situaciones, miradas… Había un sinfín de elementos en esa habitación que podría fotografiar.
Eva sonrió, sin saber por qué. De repente, notó como una mano se posaba sobre su hombro. Eva se sobresaltó, pero cuando vio a ese hombre detrás de ella se le cambió por completo la expresión de la cara.

[El ascensor]

[El ascensor] -Buenos días.
-Buenos días.

Ambos se ruborizaron cuando sus miradas chocaron. ¿Pero por qué? Ni siquiera se conocían.

-¿A qué piso va? –Preguntó el señor con voz entrecortada.
-Al 7º -Respondió la chica firmemente.

Permanecieron callados, el chico mirando al suelo, la chica mirándole a él. El destino a veces nos juega malas pasadas. Y ahora les tocó a ellos. De repente el ascensor se paró y la luz se apagó. En cuestión de milésimas de segundos, se encendió la luz de emergencia. Él se puso nervioso y comenzó a darles a todos los botones en vano. También intentó llamar a gritos a alguien del exterior.
La chica no paraba de mirarle con una sonrisa pícara.
Empezó a imaginar cómo sería la vida de ese hombre: “Está casado, seguro. Lleva un anillo de compromiso. Se le ve cansado… Y se nota que está harto del trabajo. Me atrevería a decir que es un hombre frustrado, con una vida sentimental muy pobre ya que casi todo el tiempo que tiene lo dedica a un trabajo que no le proporciona ningún tipo de satisfacción. No cuida su aspecto. Le hace falta un buen corte de pelo y un estilista… La corbata que lleva no hace juego con el traje. ¿Nadie le ha explicado a este señor que la corbata tiene que tener al menos un color que sea igual al de la chaqueta o bien que lo tenga en la camisa? Pero aún así, tiene su atractivo y se ve claramente que fue un hombre guapo hace tiempo. Necesita alguna alegría… ¿Y si se la doy yo?”
Mientras tanto, él pensaba en el tiempo que estaba perdiendo. “Dios mío, con la de cosas que tengo que hacer… ¡Y ahora me quedo encerrado en un ascensor y nadie me oye! Si es que cuando piensas que nada puede ir peor… ¡Siempre te equivocas! Y ésta chica, que no para de mirarme… Me está poniendo nervioso. ¿Qué pensará? Es guapa… Y tiene un buen cuerpo… Pero es muy joven. Joder, ¿pero qué estoy pensando?... Seguro que tiene novio y él le estaba esperando en la planta 7ª… Ay, chiquita, pues le va a tocar esperar a tu amor. Te tendrás que conformar con un viejo amargado como yo.”
Ella intentó matar el tiempo. Se miraba al espejo y se retocaba el pelo. Se pintó los labios y hasta se puso un poco de rimel. Era una chica con decisión, segura de sí misma y sin miedo a equivocarse. A diferencia de él, ella no se equivocó con su primera impresión de su compañero de ascensor. Él sí lo hizo. No había ningún novio. Ni esperando en la planta 7ª ni sin esperar. Iba a una entrevista de trabajo. Y tampoco era tan joven como él pensaba. Tenía 29 años. Él 40.
-¿Cómo te llamas?
-Roberto.
-Yo Susana.

Tras la debida presentación, Susana anduvo de forma elegante y con sonrisa provocativa hacia Roberto. Él sintió un cosquilleo por el estómago.

-Bonita corbata… –Se burló Susana.

Y sin mediar ni una palabra, le dio un dulce beso en los labios.

[El ascensor]

[El ascensor] -Buenos días.
-Buenos días.

Ambos se ruborizaron cuando sus miradas chocaron. ¿Pero por qué? Ni siquiera se conocían.

-¿A qué piso va? –Preguntó el señor con voz entrecortada.
-Al 7º -Respondió la chica firmemente.

Permanecieron callados, el chico mirando al suelo, la chica mirándole a él. El destino a veces nos juega malas pasadas. Y ahora les tocó a ellos. De repente el ascensor se paró y la luz se apagó. En cuestión de milésimas de segundos, se encendió la luz de emergencia. Él se puso nervioso y comenzó a darles a todos los botones en vano. También intentó llamar a gritos a alguien del exterior.
La chica no paraba de mirarle con una sonrisa pícara.
Empezó a imaginar cómo sería la vida de ese hombre: “Está casado, seguro. Lleva un anillo de compromiso. Se le ve cansado… Y se nota que está harto del trabajo. Me atrevería a decir que es un hombre frustrado, con una vida sentimental muy pobre ya que casi todo el tiempo que tiene lo dedica a un trabajo que no le proporciona ningún tipo de satisfacción. No cuida su aspecto. Le hace falta un buen corte de pelo y un estilista… La corbata que lleva no hace juego con el traje. ¿Nadie le ha explicado a este señor que la corbata tiene que tener al menos un color que sea igual al de la chaqueta o bien que lo tenga en la camisa? Pero aún así, tiene su atractivo y se ve claramente que fue un hombre guapo hace tiempo. Necesita alguna alegría… ¿Y si se la doy yo?”
Mientras tanto, él pensaba en el tiempo que estaba perdiendo. “Dios mío, con la de cosas que tengo que hacer… ¡Y ahora me quedo encerrado en un ascensor y nadie me oye! Si es que cuando piensas que nada puede ir peor… ¡Siempre te equivocas! Y ésta chica, que no para de mirarme… Me está poniendo nervioso. ¿Qué pensará? Es guapa… Y tiene un buen cuerpo… Pero es muy joven. Joder, ¿pero qué estoy pensando?... Seguro que tiene novio y él le estaba esperando en la planta 7ª… Ay, chiquita, pues le va a tocar esperar a tu amor. Te tendrás que conformar con un viejo amargado como yo.”
Ella intentó matar el tiempo. Se miraba al espejo y se retocaba el pelo. Se pintó los labios y hasta se puso un poco de rimel. Era una chica con decisión, segura de sí misma y sin miedo a equivocarse. A diferencia de él, ella no se equivocó con su primera impresión de su compañero de ascensor. Él sí lo hizo. No había ningún novio. Ni esperando en la planta 7ª ni sin esperar. Iba a una entrevista de trabajo. Y tampoco era tan joven como él pensaba. Tenía 29 años. Él 40.
-¿Cómo te llamas?
-Roberto.
-Yo Susana.

Tras la debida presentación, Susana anduvo de forma elegante y con sonrisa provocativa hacia Roberto. Él sintió un cosquilleo por el estómago.

-Bonita corbata… –Se burló Susana.

Y sin mediar ni una palabra, le dio un dulce beso en los labios.

[Flores de colores] 2 de 2

[Flores de colores] 2 de 2 Cuando Ángela cerró sus ojos, fue transportada a un túnel de color. Comenzó a caminar por él, sin saber muy bien dónde le llevaría este.
Cualquier otro niño hubiera sentido miedo. Pero Ángela no. Al contrario, se sentía bien y alegre. Quería descubrir ya el secreto que tanto guardaban sus flores.
Anduvo durante unos 5 minutos. Al fin, logró ver algo de luz al fondo. Corrió hacia ese lugar intrigada por ver qué había después de ese túnel de color.
Cuando llegó al final, sus ojos vieron el paisaje más bello que jamás habían contemplado. Era un campo grandísimo, llenos de flores de todos los colores que conocía Ángela y de algunos que nunca había visto. El campo estaba cubierto por un cielo celeste completamente despejado y en lo más alto, un sol deslumbrante. Pero la belleza del paisaje no era lo más extraordinario… Para el completo asombro de Ángela, las flores andaban, corrían, jugaban, hablaban, reían… De repente, todo había cobrado vida. Ella sabía que las flores eran seres vivos, pero nunca imaginó que pudieran hacer las mismas cosas que los humanos.
No había salido de su asombro cuando se le acercó un grupo de flores rojas.

-Sabemos que adoras las flores rojas. Bueno, en realidad adoras todas las flores. Y por eso estás aquí. Por ser tan buena con nosotras. Este es nuestro mundo: el mundo de las flores. Aquí no existe el dolor, ni las lágrimas, ni la tristeza. Siempre hay un sol que brilla con toda su fuerza y el cielo se muestra celeste todos los días. No hay ruidos estridentes. La única música que oirás aquí serán nuestras risas o el murmullo de los arroyos. Aquí, nunca nos falta agua y no debemos temer que alguien nos pise o nos arranque. Aquí somos felices. Y éste es nuestro secreto. Queríamos mostrarte este mundo de fantasía, compartirlo contigo y sacarte una gran sonrisa durante al menos un rato. ¡Y creo que lo hemos conseguido!

Era cierto. Ángela no había parado de sonreír desde que vio ese lugar. Estuvo en ese sitio durante un rato bastante largo. Visitó las cuevas de marfil, vio los ríos de plata y pudo charlar con los árboles más viejos de ese país: los robles, las encinas, etc. Y pudo ver todas las flores que existían en el mundo. Ese día fue muy especial para Ángela.

-Bueno, pequeña Ángela. Ha llegado la hora de que vuelvas a tu lugar. Muchísimas gracias por tratarnos tan bien y dedicarnos palabras tan bonitas. Deseamos de todo corazón seguir apareciendo en esos dibujos que haces. Pero no queremos que te vayas con las manos vacías de aquí… ¡Toma! Es un obsequio de todas nosotras. A la flor más grande, podrás pedirle un deseo. Hasta la próxima, amiga Ángela.

Le habían regalado un cesto lleno de florecillas rojas. Cada una de esas florecillas, tenía un olor distinto. Un olor único. Eran todas pequeñitas, pero encima de éstas, había una rosa roja. Una rosa preciosa.
Y de repente, Ángela estaba tumbada en el prado donde había ido esa tarde. Creía que todo había sido un sueño. Pero no podía ser, pues a su lado estaba el cesto lleno de florecillas rojas, y en su mano estaba la rosa del deseo.
Se llevó la rosa a la nariz para olerla. Sonrió y pidió el deseo.
Sin duda alguna, a Ángela nunca se le olvidará ese día lleno de fantasía.
Pero, ¿qué deseo pediría Ángela?

Hoy...

Hoy... Hoy voy a ser valiente, y no me voy a esconder de mis problemas.
Hoy voy a sonreirle al mundo, porque él me ha dado la oportunidad de estar en él.
Hoy voy a ser optimista, porque para ser pesimista siempre hay tiempo.
Hoy voy a sacar de mi vida las cosas que no tienen solución. Si no las tienen, ¿por qué he de preocuparme?
Hoy voy a tratar un poco mejor a las personas que me rodean. A las flores hay que cuidarlas para que no se marchiten...
Hoy voy a decirles a las personas que quiero que las quiero, porque se lo merecen.
Hoy voy a cuidarme un poco más. De mi vida, yo soy lo más importante.
Hoy voy a recrearme en los pequeños detalles que me rodean. El vaivén del mar, el susurro del viento, el arte de Andalucía... Vivo en un sitio de mil maravillas.
Hoy voy a amar como si fuera el último día de mi vida.
Hoy voy a gritar a los cuatro vientos que me quiero y que me gusta como soy.
Hoy voy a pintar un arcoiris en el cielo, para que los niños se maravillen con sus colores.
Hoy voy a hacer sonreír a un niño, porque sin ellos el mundo perdería la poca ternura que le queda.
Hoy voy a estar orgullosa de mi familia. Perteneces a la familia que pertenezco es el mejor de los títulos que podré tener jamás.
Hoy voy a recordar mis logros y aprender de mis fracasos.
Hoy voy a ser feliz porque tengo todos los ingredientes para serlo.

Hoy puedo hacer tantas cosas... Y las voy a hacer.
Porque el mañana no le está asegurado a nadie y el pasado ya no existe.

Hoy voy a vivir mi presente y voy a arriesgar al máximo. Porque vivir es lo más peligroso que tiene la vida.

[Cuaderno de cuentos]

[Cuaderno de cuentos] Cuando se sentaba en su escritorio delante de su cuaderno de cuentos era como si flotara a otra dimensión. Comenzaba sujetándose el pelo porque creía que de esa forma sus ideas estarían de una forma más ordenada que antes de hacerlo. Se sujetaba el flequillo con unas orquillas o con lo que tuviera más a mano. Esa noche les tocaron a las pincitas de colores. Su aspecto resultaba bastante gracioso cuando escribía. Pero ese era su momento, y el resto a ella le daba igual.
Le gustaba poner el escritorio junto a la ventana y alzar de vez en cuando la vista de su cuaderno para mirar el cielo azul o gris.
A veces escribía en el ordenador ya que su letra era algo desastrosa y también porque pasaba gran parte de su tiempo delante de esa máquina. Pero lo que realmente le gustaba era su cuaderno de cuentos, como ella lo llamaba.
Lo abría y su mente volaba a un lugar de fantasía. Jugaba a ser Dios creando cientos de personas y miles de lugares que nunca había visto. Ni siquiera sabía si existían. Y esto le encantaba. Después dejaba que su imaginación hiciera el camino, el destino, la vida de las personas que ella había creado.
A algunas de esas personas les había tocado vivir una vida fácil, a otras llena de complicaciones. Unas tenían una casa junto al mar, otras apenas podían permitirse un apartamento muy pequeño en un barrio pobre de alguna ciudad.
Creaba intensos romances que duraban un solo día. Conseguía que en sus cuentos el amor fuera eterno. Invitaba a los niños, a los ángeles, a las hadas a pasear por las líneas que su bolígrafo trazaba.
Era una gran escritora, pues con sus palabras conseguía llegar al corazón de muchas personas ajenas a su vida.
A menudo se preguntaba por qué o para quién escribía. Lo hacía porque su alma se lo pedía y lo hacía para aquellas personas que, al igual que ella, les gustaba ir alguna que otra vez al país de Nunca Jamás.
Eran las doce y media de la noche y a la mañana siguiente se tenía que levantar temprano. Pero ahí estaba escribiendo, con su pelo sujeto y su escritorio pegado a la ventana. La inspiración llegó un poco tarde ese día.
Abrió su cuaderno, cogió el bolígrafo y su mente comenzó a volar:

“Se levantó lentamente de su asiento. Aquella mañana había regresado a aquel duro y frío banco de piedra. Y había retrocedido unos pocos años.
Su juventud se reflejaba en la corteza de los árboles. [...]"

(Dedicado a Marta, por enseñarme el mundo de la fantasía)

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El fragmento que está entre comillas está sacado del blog de Marta (Galatea) .
Pincha sobre el nick para visitar su página y leer el resto de la historia.

[Diez consejos que te puedo dar hoy]

10 consejos que te puedo regalar hoy...

Hoy te voy a regalar 10 consejos, espero que les hagas caso o por lo menos los llegues a leer...

1. Desaparece de tu mente todos los números no-esenciales. Esto incluye tu Edad, Peso y Altura. Deja que tu médico se preocupe por ellos, para eso le pagas.

2. Mantén solo amigos alegres. Los cascarrabias te detienen, si realmente necesitas uno, probablemente tengas un miembro de tu familia que pueda llenar esa necesidad.

3. Continua aprendiendo. Aprende más sobre la Informatica, Manualidades, Jardinería, Idiomas, lo que sea... Nunca dejes al cerebro ocioso, un cerebro ocioso es morada del demonio... y el nombre de ese demonio es Alzheimer.

4. Disfruta las cosas simples. Cuando tus hijos son pequeños,son pocos lujos los que te puedes dar. Cuando están en la Universidad, son pocos lujos los que te puedes dar. Cuando se han ido y estas retirado, son pocos lujos los que te puedes dar.

5. Ríe mucho, largo y tendido. Ríe hasta que se te vaya el aliento. Ríe tanto que la gente te pueda encontrar en un lugar distinguiendo tu risa.

6. Llora cuando haya que llorar. Las lágrimas son naturales, súfrelo, laméntalo, recuérdalo y luego sigue adelante. La única persona que estará con nosotros toda nuestra vida, seremos nosotros mismos.

7. Rodéate de lo que quieres, ya sea de tu familia, mascotas, recuerdos, música, plantas, hobbies, lo que sea. Tu Casa es tu refugio.

8. Celebra y disfruta tu salud, cuida de ella. Si es buena, consérvala. Si es inestable, mejórala. Si está más allá de cualquier mejora, pide ayuda.

9. No te enrolles en un viaje de culpa... lo que pasó, ya está en el pasado. Toma mejor un viaje a otro país, al centro comercial o a un pueblo cercano, pero NO adonde te lleve la culpa. No te arrepientas de nada. Aprende de la experiencia y sigue adelante.

10. Dile a las personas que amas, que las amas, en toda oportunidad.

Recuerda, la vida no se mide por el número de respiros que damos, sino por los momentos que nos quitan el aliento.

Cada minuto de enojo son sesenta segundos perdidos de felicidad .

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Esto me lo han mandado a mi, espero que os guste